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Nacionalismo e Imperialismo-JUAN J.HERNANDEZ ARREGUI

 28/09/2018   12
En medio del caos el presente muestra el futuro. El imperialismo les impone a los pueblos sometidos exigencias históricas de liberación. Nadie está radiado del proceso universal. No cabe la indiferencia política. Pues la historia es la política. Y la política son los pueblos que hacen la historia. El extravío marca todos los ámbitos de la existencia. Pero ningún síntoma es más significativo para describir a nuestra época que el levantamiento de los pueblos coloniales con el nacimiento correlativo de nuevas nacionalidades. La experiencia de nuestro tiempo prueba que ejércitos de alta preparación profesional nada pueden contra la resistencia de los pueblos. Argelia, Corea, Vietnam, Cuba, hablan por sí mismos. Y las metrópolis mismas ven aparecer en sus fronteras, hasta ayer seguras, la sombra de la revolución. Soldados que vuelven de los frentes coloniales enviciados por las drogas, convertidos en guiñapos, perseguidos por pesadillas atroces, son portadores mudos, máscaras espectrales, de las contradicciones de todo el sistema. Millones de hombres descubren la barbarie blanca. La reacción contra el colonialismo es mundial. El poder imperial, soberbio por fuera, se manifiesta anémico por dentro. La civilización aparece ahora como lo que es, la personificación del dinero creador de un mercado mundial de esclavos. El mismo imperialismo de las informaciones se agrieta. Los pueblos exiliados de la historia universal traspasan el umbral de esa historia y desafían a los civilizadores. Del mundo de los oprimidos surge el odio patriótico contra el conquistador de siglos. Y con la liberación, nuevas naciones y culturas, deshacen las configuraciones históricas construidas por las potencias imperiales. El siglo XIX asistió al nacimiento de las nacionalidades europeas, el siglo XX, con la disociación del colonialismo, es testigo de la florescencia de nacionalismos nuevos: "el sentimiento de la nacionalidad se convierte en nacionalismo, actitud de grupo que es de la mayor importancia en el mundo moderno. El nacionalismo como estado de ánimo que trata de hacer a la nación una unidad efectiva y convertirla en objeto de la más suprema lealtad del hombre, se desarrolló notablemente en el mundo occidental a partir del siglo XVIII y con la llegada de las nuevas democracias con sus demandas de autogobierno dio lugar a que la nación se gobernase por si misma, asaltando a la vez el orden dinástico-feudal, el Estado dominado hasta entonces por una clase. De este modo, el espíritu del nacionalismo contribuyó a ensanchar la base comunitaria del Estado". Mac Iver y Page.
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